Confinament | 2020
L’art en estat d’alarma. La Cumprativa. Llorens del Penedés. 2020
Durante los meses de confinamiento, quedó interrumpido el proyecto Karl Blossfeldt’s lessons que tenía entre manos. El tubérculo de boniato que formaban parte del trabajo, siguió creciendo. Ahora estaba fuera de mi taller e integrado en mi casa, motivo por el cual adquirió un nuevo significado.
El boniato deviene en un tiempo y espacio que es simultáneamente artístico, familiar y doméstico.

El boniato adquiere múltiples significados en este nuevo contexto. Se yuxtapone lo creativo con lo cotidiano: por un lado, la narración del tiempo interno del tubérculo y su crecimiento; por otro, las múltiples posibilidades de lo que acontece a su alrededor.


Se convierte en una representación gráfica del tiempo durante el confinamiento: el tiempo lineal, que lentamente deja su rastro visible en las hojas que nacen y caen, y en el tallo que trepa por la pared de mi casa.
El proceso interno de crecimiento se sitúa en el centro de la atención. La planta deviene metáfora de los instantes, de los momentos singulares, como un ser vivo que habita el trasfondo de la experiencia cotidiana.
Interactúa con lo que acontece durante el confinamiento: el miedo ante la falta de provisión de recursos básicos, el aislamiento social y territorial. Aparece entonces una pregunta: en qué medida podemos sobrevivir en una ciudad donde no somos soberanos de nuestra alimentación?.No podemos cultivar ni recolectar, debido una infraestructura urbana estéril supeditada a la distribución industrial.
Decido invocar al boniato como figura simbólica: como posibilidad de sustento, como naturaleza encarnada. Como un deseo de paraíso, de manantial y de alimento.
El proceso interno de crecimiento se sitúa en el centro de la atención. La planta deviene metáfora de los instantes, de los momentos singulares, como un ser vivo que habita el trasfondo de la experiencia cotidiana.
Interactúa con lo que acontece durante el confinamiento: el miedo ante la falta de provisión de recursos básicos, el aislamiento social y territorial. Aparece entonces una pregunta: en qué medida podemos sobrevivir en una ciudad donde no somos soberanos de nuestra alimentación?.No podemos cultivar ni recolectar, debido una infraestructura urbana estéril supeditada a la distribución industrial.
Decido invocar al boniato como figura simbólica: como posibilidad de sustento, como naturaleza encarnada. Como un deseo de paraíso, de manantial y de alimento.
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