La cosa y su contexto | 2021
El cubo de Obrador, Barcelona
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La cosa y su contexto es una escenificación donde conviven video instalación, esculturas 3D, fotografía, dibujo y maquetas.
Un espacio privado, el estudio, habitación propia, se traslada a la sala expositiva de manera que deviene escena. Allí se muestran diminutos paisajes enclaustrados y plantas domésticas que conviven con los instrumentos y herramientas de su taller. Así se intuye una posible relación entre paisajes internos y externos.
Por un lado, el espectador establece una relación física con las imágenes a través de las diferentes escalas representadas.
Por otro lado, el conjunto de dibujos, fotografías y esculturas 3D le involucran en un juego de representaciones a través de una cadena de copias en la que se pierde el referente natural.
Miniaturas de delicado paisajismo que emulan el juego simbólico para preservarla contra y a pesar de las interrupciones del entorno urbano y de la vida de la mujer-madre-artista.
Hay nostalgia y un sincero homenaje a los botanistas en la reinvención de los dibujos científicos, y a los horticultores en los diminutos jardines bajo cúpulas de cristal. Pero la recreación de estos pequeños mundos es tan preciosista y melancólica como cotidiano y previsible es el contexto.
Asistimos, pues, al paradójico drama del placer de descubrir, observar y recrear una naturaleza que no es sino prosaica, efímera, intervenida y enclaustrada. De ahí que cada pieza sea un sutil autorretrato, una metáfora vital de una interioridad confinada y de una obra siempre en curso e inacabada. Pero en este testimonio sobre la imbricación del paisaje interior y el paisaje exterior, continúa rastreando la ineludible interdependencia de la circunstancia, el escenario, el medio de figuración, y el papel del espectador y de la artista en el acontecimiento artístico.
Participamos de un irónico regodeo en circuitos autorreferenciales de múltiples formatos y escalas donde el mundo que se crea y el mundo desde donde se crea son recíprocos. En este juego circular, el estudio de arte deviene simultáneamente espacio para la creación, archivo de representaciones, metáfora de la interioridad y espacio atravesado por lo doméstico. Asimismo, el acto de dibujar cobra protagonismo en un retrato que nos remite al estudio; la diminuta foto de un dibujo sustituye al original dibujado; las ilustraciones de formas vegetales son simulacros de la impresión tridimensional de su copia; la ilusión de la proyección de un paisaje resulta de las sombras que proyecta la luz a través de las maquetas. La cosa y su contexto es un rico imaginario sobre el proceso a través del cual se concibe la distancia que nos separa del medio natural, como la distancia respecto al propio acto creativo.
La cosa y su contexto es una escenificación donde conviven video instalación, esculturas 3D, fotografía, dibujo y maquetas.
Un espacio privado, el estudio, habitación propia, se traslada a la sala expositiva de manera que deviene escena. Allí se muestran diminutos paisajes enclaustrados y plantas domésticas que conviven con los instrumentos y herramientas de su taller. Así se intuye una posible relación entre paisajes internos y externos.
Por un lado, el espectador establece una relación física con las imágenes a través de las diferentes escalas representadas.
Por otro lado, el conjunto de dibujos, fotografías y esculturas 3D le involucran en un juego de representaciones a través de una cadena de copias en la que se pierde el referente natural.
Miniaturas de delicado paisajismo que emulan el juego simbólico para preservarla contra y a pesar de las interrupciones del entorno urbano y de la vida de la mujer-madre-artista.
Hay nostalgia y un sincero homenaje a los botanistas en la reinvención de los dibujos científicos, y a los horticultores en los diminutos jardines bajo cúpulas de cristal. Pero la recreación de estos pequeños mundos es tan preciosista y melancólica como cotidiano y previsible es el contexto.
Asistimos, pues, al paradójico drama del placer de descubrir, observar y recrear una naturaleza que no es sino prosaica, efímera, intervenida y enclaustrada. De ahí que cada pieza sea un sutil autorretrato, una metáfora vital de una interioridad confinada y de una obra siempre en curso e inacabada. Pero en este testimonio sobre la imbricación del paisaje interior y el paisaje exterior, continúa rastreando la ineludible interdependencia de la circunstancia, el escenario, el medio de figuración, y el papel del espectador y de la artista en el acontecimiento artístico.
Participamos de un irónico regodeo en circuitos autorreferenciales de múltiples formatos y escalas donde el mundo que se crea y el mundo desde donde se crea son recíprocos. En este juego circular, el estudio de arte deviene simultáneamente espacio para la creación, archivo de representaciones, metáfora de la interioridad y espacio atravesado por lo doméstico. Asimismo, el acto de dibujar cobra protagonismo en un retrato que nos remite al estudio; la diminuta foto de un dibujo sustituye al original dibujado; las ilustraciones de formas vegetales son simulacros de la impresión tridimensional de su copia; la ilusión de la proyección de un paisaje resulta de las sombras que proyecta la luz a través de las maquetas. La cosa y su contexto es un rico imaginario sobre el proceso a través del cual se concibe la distancia que nos separa del medio natural, como la distancia respecto al propio acto creativo.