Proyecto de investigación artística que explora la memoria industrial y la relación entre maquinaria, trabajo y transformación tecnológica. A través de archivos, performance e instalaciones, el proyecto aborda la dimensión simbólica de dos espacios fabriles en transición.
El proyecto aborda la relación entre dos máquinas situadas en antiguos recintos industriales de finales del siglo XIX. Motores económicos a nivel nacional que ocuparon a cientos de trabajadoras hasta finales del siglo XX: la caldera de Fabra I Coats, actualmente una fábrica de creación en Barcelona y el motor del antiguo almacén de pequeños materiales y telégrafos MZA, hoy centro de vanguardiagarde arte y experimentación, Museo La Neomudejar, Madrid. Ambas máquinas tienen una enorme carga simbólica como huella de la comunidad obrera y nuestra arqueología industrial.
Imagina una conexión emocional y temporal, explorando las relaciones entre maquinaria y pensamiento tecnológico, buscando un tejido de metáforas aplicables a los comportamientos humanos. La exposición, articulada en dos actos, muestra la agonía y extinción de dos seres mecánicos durante la transición energética y productiva del final del siglo XX. Las obras parten de un territorio museístico: archivos fotográficos y utensilios de las dos naves y se convierten en una historia fabricada. Se crea una fecunda combinación de lenguajes: performance e intervenciones específicas que generan obras derivadas en diversos formatos y soportes. Composiciones sonoras, visuales y virtuales en las que han colaborado David Infantes Lopez, arquitecto especializado en fotogrametría aérea 3D y Marian Marquez Ruiz de Gopegui, compositora musical
Ahora fábricas de creación artística, ambas naves preservan el alma principal, con una fuerte carga simbólica: el núcleo energético, huella del trabajo de los trabajadores.
El proyecto aborda la relación entre dos máquinas situadas en antiguos recintos industriales de finales del siglo XIX. Motores económicos a nivel nacional que ocuparon a cientos de trabajadoras hasta finales del siglo XX: la caldera de Fabra I Coats, actualmente una fábrica de creación en Barcelona y el motor del antiguo almacén de pequeños materiales y telégrafos MZA, hoy centro de vanguardiagarde arte y experimentación, Museo La Neomudejar, Madrid. Ambas máquinas tienen una enorme carga simbólica como huella de la comunidad obrera y nuestra arqueología industrial.
Imagina una conexión emocional y temporal, explorando las relaciones entre maquinaria y pensamiento tecnológico, buscando un tejido de metáforas aplicables a los comportamientos humanos. La exposición, articulada en dos actos, muestra la agonía y extinción de dos seres mecánicos durante la transición energética y productiva del final del siglo XX. Las obras parten de un territorio museístico: archivos fotográficos y utensilios de las dos naves y se convierten en una historia fabricada. Se crea una fecunda combinación de lenguajes: performance e intervenciones específicas que generan obras derivadas en diversos formatos y soportes. Composiciones sonoras, visuales y virtuales en las que han colaborado David Infantes Lopez, arquitecto especializado en fotogrametría aérea 3D y Marian Marquez Ruiz de Gopegui, compositora musical
Ahora fábricas de creación artística, ambas naves preservan el alma principal, con una fuerte carga simbólica: el núcleo energético, huella del trabajo de los trabajadores.
Primer acto
Museo La Neomudéjar, Madrid
| 2025
La agonía de la máquina moderna
Los domingos por la noche se ponían en marcha las calderas y las amas de casa del barrio ya sabían que el lunes no podían hacer la colada, pues el ambiente estaba lleno de hollín, de un gris expansivo.
Con el advenimiento del gas primero y la electricidad, más tarde, este problema se resolvió.
Durante la sustitución del vapor por la electricidad como fuente de energía, en la primera década del siglo XX, las plantas industriales ganaron en seguridad y el proceso de producción se hizo continuo, pudiendo trabajar día y noche ininterrumpida ya que la luz natural dejó de ser un hecho decisivo para la industria. En este contexto y a plena capacidad, dos máquinas modernas se comunican entre sí y generan sinergias invisibles a cientos de kilómetros de distancia.
La caldera de la fábrica Fabra i Coats en Barcelona y el motor del antiguo almacén de pequeños materiales y telégrafos MZA en Madrid protagonizan esta historia de dos actos. Su energía abastece la actividad de cientos de trabajadores. Ambos ecosistemas se comunican con el crujido de sus engranajes y como ballenas transoceánicas, narran historias de migraciones y encuentros a un séquito de seres que navegan a su alrededor. Sin embargo, dada la llegada de la transición energética y productiva del final del siglo XX, comienza su agonía. La caldera de Fabra y Coats muestra los primeros síntomas de muerte con la crisis económica de principios del decenio de 1980 y los planes de re conversión industrial. El motor de la antigua MZA Small Material and Telegraph Warehouse, uno de los más importantes establecimientos de reparación ferroviaria del país, está apagado debido a la reestructuración del sector ferroviario.
Con el advenimiento del gas primero y la electricidad, más tarde, este problema se resolvió.
Durante la sustitución del vapor por la electricidad como fuente de energía, en la primera década del siglo XX, las plantas industriales ganaron en seguridad y el proceso de producción se hizo continuo, pudiendo trabajar día y noche ininterrumpida ya que la luz natural dejó de ser un hecho decisivo para la industria. En este contexto y a plena capacidad, dos máquinas modernas se comunican entre sí y generan sinergias invisibles a cientos de kilómetros de distancia.
La caldera de la fábrica Fabra i Coats en Barcelona y el motor del antiguo almacén de pequeños materiales y telégrafos MZA en Madrid protagonizan esta historia de dos actos. Su energía abastece la actividad de cientos de trabajadores. Ambos ecosistemas se comunican con el crujido de sus engranajes y como ballenas transoceánicas, narran historias de migraciones y encuentros a un séquito de seres que navegan a su alrededor. Sin embargo, dada la llegada de la transición energética y productiva del final del siglo XX, comienza su agonía. La caldera de Fabra y Coats muestra los primeros síntomas de muerte con la crisis económica de principios del decenio de 1980 y los planes de re conversión industrial. El motor de la antigua MZA Small Material and Telegraph Warehouse, uno de los más importantes establecimientos de reparación ferroviaria del país, está apagado debido a la reestructuración del sector ferroviario.
Site specific, en el motor del antiguo almacén de pequeño material y telégrafos MZA. La Neomudéjar

La máquina moderna tiene su origen en la máquina artesanal y ha evolucionado a través de ajustes y perfeccionamientos hasta lograr las conquistas técnicas actuales en donde se apoya y gira la sociedad moderna civilizada.Cabe recordar que los trabajos más antiguos referentes a los inicios de fabricar máquinas provienen de la sociedad esclavista.
En 1875, el alemán Reuleaux publicó su teoría cinemática, que expone los principios básicos, que son médula y base de la ciencia de las máquinas de esa época y dice: “La máquina consta de una reunión de órganos o cuerpos resistentes, está hecha de manera que a través de ella resulta posible hacer que las fuerzas mecánicas naturales ejecuten determinados trabajos”. Modernamente, la máquina se considera como el resultado de un diseño en el que intervienen dos grupos de factores:
1.- Naturaleza mecánica (las piezas y los mecanismos, que las constituyen).
2.- Naturaleza no mecánica (estética, mercados, impacto social, régimen político imperante, etc.)
Ambos conjuntos de factores 1 y 2 hacen que las máquinas modernas adquieran diversas configuraciones y características según el entorno sociopolítico y económico en el que se diseñan, construyen y utilizan. Así, a medida que avanza el desarrollo a finales del s.XX, la llegada de nuevos mecanismos económicos globales, sustituye a los sistemas locales que sostenían la industria nacional. En este contexto, la caldera de la fábrica Fabra i Coats en Barcelona y el motor del antiguo Almacén de pequeño material y telégrafos MZA en Madrid, pertenecen al conjunto de máquinas extintas. Sus huellas atestiguan las características, funciones y evolución de un sistema energético pasado. Su fallecimiento deja enormes esqueletos, órganos y cuerpos mecánicos que fueron ecosistemas para comunidades de trabajadores.
Proyección del render 3D. Música de Marian Márquez
